In Gato Siamés

Cuando tu gato cae enfermo y no sabes qué le pasa – Los ronroneos de Mini

Muchos de vosotros sabéis lo mal que lo pasamos hace un mes y medio cuando Grey cayó enfermo, muy enfermo. En las redes sociales os puse al corriente del estado de nuestro peque pero no me encontraba con fuerzas para daros más detalles porque estaba a puntito de dar a luz a la nena. Así que hoy, por fin, os cuento más sobre todo lo que pasó y aprovecho para daros las gracias por el apoyo y por ser tan respetuosos. 

Todo empezó cuando Grey de repente no jugaba, pues cuando abro su cajón de los juguetes viene corriendo desde donde esté (aunque nunca está lejos de mí, es muy guardián). Él estaba normal pero no quería saber nada de juegos y este fue el primer signo de alarma para mí. Con el calor que hacía a finales de agosto pensé que estaría un poco agobiado y simplemente no le apetecía saltar ni correr. Al día siguiente no quería saber nada de nadie, no me seguía por casa, no subió a la habitación a despertarnos, no llamaba a la puerta cuando íbamos al baño, no bajaba a su arenero, simplemente estaba acostado y escondido, detrás de la cortina, en una esquina a oscuras en el baño… No era él, su personalidad había cambiado radicalmente en unos días y ahí me empecé a preocupar de verdad y pedí cita con el veterinario, claro.

La primera visita fue un miércoles por la tarde, a mí me faltaban 8 días para dar a luz (en teoría). Así que allí que nos fuimos con mi barrigón y el transportín. Lo visitaron y no vieron nada raro, a pesar de que yo conté todo lo que había notado y también el color de su orina que tiraba a naranja. Simplemente me dijeron que debía ser algo psicológico por mi estado. Yo no estaba convencida, porque durante todo el embarazo había estado muy pendiente de Mini y Grey. Todas las cositas de Alma las fui poniendo muy poco a poco en casa para que se acostumbraran, sin hacer cambios bruscos ni radicales. Era raro, yo estaba segura de que era algo físico y no psicológico, pero me fui a casa con mi diagnóstico y decidí tirar de Feliway para prepararlos para la llegada de la peque, algo que igual tenía pensado hacer.

El viernes llamé y dije que lo iba a volver a llevar, que no era psicológico y que necesitaba que lo volviesen a revisar esta vez en profundidad, pues cada vez estaba más apagado. Otra vez, mi barriga, mis pies hinchados y yo nos fuimos de nuevo a la consulta para revisar al pequeño Grey. Esta vez le hicieron analíticas y tras esperar me dijeron que no pintaba bien pero que no se sabía qué podía ser, que necesitaban analizarlo con mayor profundidad, que me llamarían el día siguiente con todos los resultados. A todo esto, dos auxiliares y un veterinario con caras muy serias, muy confundidos me decían todas las posibilidades y a cada cual peor. Así que me fui con él a casa y sin nada claro. Mi madre me llevó a casa en coche, junto a Grey y cuando llegamos nos llaman que lo llevemos corriendo que lo tienen que ingresar que han salido unos valores fatal y que debe quedarse sí o sí. Menos mal que mi madre aún no se había ido porque yo no podía conducir en mi estado físico y psicológico a esas alturas con lo de Grey. Lo volví a meter en el transportín con muchos nervios. Mini se acercó a darle besos y a mí se me puso un nudo en el estómago porque lo interpreté como una despedida entre ellos, os lo prometo.

Al llegar a la consulta me dicen que siguen sin saber qué es pero que lo tienen que dejar en observación y ponerle un goteo porque tal y como han salido esos valores el gato debería estar muerto o en coma. A todo esto deciros que Grey nunca dejó de comer en esos días. Así que lo tuve que dejar allí, en su transportín, mirándome. No sabía cómo explicárselo, ni si despedirme de él por lo que pudiese pasar, no quería realmente decirle adiós porque no quería pensar lo peor, pero le dije lo mucho que lo quiero. Al salir de allí me rompí a llorar, ¿de verdad no iban a conocerse Alma y Grey? Llevaba meses soñando en la presentación de la peque y los gatos, en cómo jugarían cuando fuese un poco más mayor y por unos días ¿Grey se iba a marchar? No podía ser verdad. Encima era viernes, no podía imaginarme dejarlo todo el finde allí ingresado.

Llegué a casa y lo veía a él por todas partes, el bebedero con su nombre escrito, el calendario con su foto, su arenero, todo. No podía parar de llorar. Me giraba y no estaba en la misma habitación que yo, como siempre hace, porque he de reconocer que es mi sombra, mi guardián. Así que yo sentía que estaba haciendo un luto adelantado ya porque me lo habían pintado muy muy mal e imaginad las hormonas cuando te quedan 6 días para dar a luz, yo era una montaña rusa. Por la tarde yo me encontraba muy mal y mi marido me propuso ir él a ver a Grey y por supuesto le dije que sí, que fuese mis ojos y mis manos y lo visitase. Grey no había comido desde que lo dejé, estaba medio muerte dentro del arenero de su habitáculo, así que le dio de comer con una cucharita, un yogur y comida húmeda. Estuvo más de una hora con él, cuidándolo, enviándome fotos y vídeos y poniéndole el teléfono para que me escuchase. Mucha gente que no tenga animales no entenderá nada de esto, pero sé que vosotros sí.

Esa noche no dormí, por supuesto, mi cabeza estaba con él, necesitaba que superase esa noche. Los minutos no pasaban y por fin se hicieron las 9 de la mañana y yo ya estaba llamando para preguntar por él. Me dijeron que seguía estable y les dije que iba a ir a verlo. En un rato estaba allí con él y aparentemente tenía mejor aspecto, pero no había comido hasta que llegamos y le di de comer yo en esta ocasión. Les dije que no lo quería dejar allí, que necesitaba nuestro amor y comer, así que estuvieron de acuerdo y me lo llevé. Mini se alegró enormemente de verlo pero lo respetaba, veía que estaba malito y no lo molestaba. Se acercaba, lo olía, le daba besos y lo dejaba descansar. Grey en casa ni subía ni bajaba escaleras, simplemente estaba acostado en una esquina, le tenías que meter dentro del arenero para que hiciese sus cositas y le teníamos que dar de comer con la cuchara, no tenía fuerzas de nada, estaba realmente mal, pero estaba en casa.

La noche del sábado no dormí tampoco. Mi marido se quedó en el sofá para cuidarlo, yo tenía que descansar por el bien de la bebé. Pero bajé a las 4 de la mañana a ver a Grey y a alimentarlo. Decidí que a la mañana siguiente iríamos a urgencias a otro veterinario porque algo me hacía pensar que el lunes yo no estaría para llevarlo a su revisión. Y así lo hicimos. El domingo bien pronto lo llevamos al hospital 24h de la zona. Mis pies iban a rebentar, estaba muy apurada pero necesitaba saber que Grey estaría bien cuando yo diese a luz. Aquí viene lo peor, toda la mañana haciéndole pruebas y nos dijeron que todo apuntaba a que Grey tenía Peritonitis Infecciosa Felina, sí, el temido PIF. No voy a extenderme mucho pero no se puede saber a ciencia cierta que hay PIF hasta que un gato fallece. Hay que ir haciendo pruebas para ver si realmente el puzzle encaja, así que ese día no se podía hacer mucho más. Pero ya nos dijeron que el PIF es una enfermedad incurable y fatal. Imaginad cómo salimos de allí. ¿Lo bueno? Teníamos una medicación que podía hacer que Grey se encontrase mejor, con menos dolor. El lunes teníamos que volver a llevarlo y esa semana tendríamos más resultados. 

A las 21.30h rompí aguas y cogimos a Grey, todas sus cosas y medicación y lo dejamos en casa de mi madre. El día siguiente lo llevarían al veterinario y lo medicarían 4 veces al día. El lunes yo daba a luz y Grey estaba en las mejores manos, por suerte lo dejé todo muy atado y pude centrarme en lo que tocaba en ese momento, sabiendo que estaban haciendo lo mejor por el gato de mi vida (Mini es la gata de mi vida, claro). Ese día no pregunté por él, no quería que nada nublase el nacimiento de Alma, pero el martes ya pregunté y me decían que todo seguía igual, que lo medicaban pero no salía de debajo de la cama. Yo estuve ingresada hasta el miércoles que nos mandaron a casa. Esos días Grey seguía en casa de la abuela y sorprendentemente de repente nos dijo que había salido, que subía a la mesa, que subía al sofá, que hacía miau, pequeños detalles que para mí significaban mucho. Algo estaba pasando que la cosa no iba a peor, cuando nos habían dicho que era cuestión de días.

Nada más pude llevé a Alma a conocer a Grey, ¡qué momentazo! Pensé que eso no pasaría nunca. Grey seguía de revisiones, no se sabía si realmente tenía PIF. Se había hinchado de líquido desde que lo recogimos de su ingreso, pero él mismo había perdido el líquido antes de que lo vaciáramos. No nos recomendaban llevarlo a casa para que no le contagiase el virus a Mini. De repente llegó el día, llevaban más de un año juntos, si Mini tenía que cogerlo ya lo tendría, Grey tenía que regresar a su hogar con su familia, así que lo trajimos con nosotros. Cada día estaba mejor, aunque nos seguían diciendo que pensaban que era PIF, hicimos eco y no era tumor, un par de pruebas salieron negativas, había esperanzas pero como os he dicho no se puede saber a ciencia cierta.

El 20 de septiembre Grey dejaba su medicación y cumplía 2 años, algo que también pensaba que no sucedería. Desde entonces ha seguido estupendamente. Ha pasado ya un mes sin medicación y os he de decir que su estado ahora es inmejorable. Si antes era juguetón ahora más, si molestaba a Mini ahora más, si era guardián ahora más y así todo. Es alucinante lo que ha pasado. No entendemos nada, los veterinarios tampoco. Y aunque nos han recomendado hacer alguna prueba más, al ser invasiva y Grey estar tan bien, me he negado, porque no aclararíamos nada tampoco y lo veo fenomenal. Así que, sin querer entrar en más detalles sobre el PIF, sobre las pruebas que le han hecho y mil historias médicas y técnicas, hoy Grey está como si nada hubiese pasado. Perdió su líquido, se quedó muy delgado y ahora está ganando peso y sobre todo está feliz, se le ve más sano que nunca y nosotros estamos encantados de que siga aquí con nosotros, aunque sigamos sin dar crédito a todo lo que ha pasado en este tiempo.

¿Habéis vivido algo así con vuestros gatos? ¿Qué sabéis sobre PIF? ¡Contadnos por fa! Quiero volver a agradeceros vuestro apoyo, vuestras palabras, vuestros ánimos, sois geniales y tengo una suerte inmensa de tener una familia gatuna como vosotros. Agradecer también a todos los que nos habéis ayudado pidiéndonos pruebas y de más para aportar vuestro granito de arena en el diagnóstico de Grey, que no ha sido fácil, de hecho, sigue sin estar claro. Gracias de todo corazón.

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